Para Abel, estudiante de segundo año, correr no solo consiste en cruzar la meta, sino que también tiene que ver con la familia, la perseverancia y el crecimiento personal. Como estudiante de la escuela secundaria Blair y miembro dedicado de Students Run LA (SRLA), Abel completó recientemente su segundo maratón, esta vez junto a su madre, Lupe. Pero su trayectoria comenzó mucho antes de que se atara los cordones de sus zapatillas deportivas.
Abel proviene de una familia miembro de la SRLA. Cuando su madre era adolescente, sus hermanos mayores, apasionados por los deportes de resistencia, la “convencieron” para que se uniera a la SRLA y corriera la maratón de Los Ángeles. Esa tradición ha continuado con Abel, quien se unió a la SRLA animado por un amigo de la infancia y su madre. Después de terminar su primera maratón el año pasado, decidió que esta vez él y Lupe la correrían juntos.
Para Lupe, correr ha sido más que un reto: ha sido una forma de dar ejemplo a su hijo. “Seguí esforzándome porque quería lograr algo con él”, afirma. El entrenamiento no fue fácil, sobre todo al compaginarlo con el trabajo, la maternidad y la recuperación posparto, pero se negó a rendirse. “No puedo darles ese ejemplo a mis hijos. Quiero ser un ejemplo para ellos”.”
Su resiliencia dio sus frutos. No solo completó la maratón, sino que también corrió 21 kilómetros junto a Abel, un momento de conexión muy intenso. “Hasta los 32 kilómetros, tenía calambres en las piernas, pero pensé: solo me quedan unos pocos kilómetros más. Tengo que esforzarme”.”
Apenas unas semanas antes del maratón, Abel y su familia se enfrentaron a un reto inimaginable cuando perdieron su hogar en el incendio de Eaton. El fuego destruyó casi todo, incluida la medalla de finalista del maratón de Los Ángeles, que tanto le había costado ganar, y sus zapatillas de correr. Ante tal devastación, muchos se habrían visto tentados a alejarse, a tomarse un descanso del entrenamiento. Pero para Abel, correr se convirtió en una forma de seguir adelante.
“Perdí una casa, y no precisamente como yo quería”, compartió Abel. “Todo lo que había logrado, todas las medallas que tenía, todas mis colecciones... todo lo que tenía se ha esfumado”.”
Sin embargo, a pesar de todo, siguió comprometido con su entrenamiento. Con el apoyo de su escuela, SRLA, y su familia, Abel siguió corriendo. Encontró consuelo en las carreras largas, la compañía de sus compañeros de equipo y el objetivo de terminar otra maratón. Y cuando cruzó la meta de la Maratón de Los Ángeles en marzo, Abel no solo corría por sí mismo, sino también por su familia, por su ciudad y por la resiliencia frente a las adversidades.
La pasión de Abel por correr no siempre ha estado ahí. De hecho, antes le disgustaba. “Si me hubieras dicho hace cuatro años que correría un maratón, no te habría creído”, admitió. “Odiaba correr. No corría por nada del mundo. Pero me siento bien por haberme esforzado tanto. Ahora me encanta correr”.”
Su amor por este deporte ha crecido, en parte, gracias a las amistades que ha hecho a través de la SRLA. “Es una buena excusa para salir con mis amigos”, afirma. “Me gusta levantarme temprano los sábados, salir a correr y sentir la brisa. Me encantan las carreras largas: mi cuerpo se pone en piloto automático y puedo escuchar la naturaleza a mi alrededor”.”
Equilibrar un entrenamiento riguroso con los estudios no es tarea fácil, especialmente para un estudiante tan ambicioso como Abel. Toma cursos del Bachillerato Internacional (IB), participa en Upward Bound e incluso toma clases universitarias mientras aún está en la preparatoria. “Está muy motivado académicamente”, dice su entrenadora, Verónica. “Es agradable ver que tiene esta válvula de escape con lo ocupado que está”.”
Correr no solo le ha proporcionado a Abel un equilibrio académico, sino también un sentido más profundo de su propósito. Sus experiencias personales lo han inspirado a dedicarse a la cardiología. “Mi hermano menor nació con un defecto cardíaco”, explicó Abel. “Eso me motiva. Su tía lo tenía, y su papá también”.”
La entrenadora Verónica ha sido testigo directo del crecimiento de Abel. “El año pasado no hablaba mucho, quizá solo con sus amigos. Pero este año ha florecido. Después de los incendios, escuché su entrevista en la radio y supe que era resistente. Se ha convertido en la voz de aquellos que aún no han podido hablar”.”
También destacó su actitud inspiradora: “La positividad de Abel es realmente inspiradora. A pesar de todo lo que ha pasado, siempre se muestra sonriente y anima a quienes le rodean. Su determinación es un testimonio de la fuerza y el corazón de la comunidad SRLA”.”
La historia de Abel es una historia de perseverancia, tanto dentro como fuera de la pista de atletismo. A través de SRLA, no solo desarrolló la resistencia necesaria para correr maratones, sino también la fortaleza para superar los obstáculos inesperados de la vida. Ahora, mientras mira hacia su próximo capítulo, lleva consigo las lecciones aprendidas en SRLA: disciplina, determinación y la convicción de que puede seguir adelante, sin importar los obstáculos.


